Clases de Barre cerca de ti. Nueva disciplina en nuestro centro.
Una nueva forma de habitar el cuerpo
Hay algo muy bonito en comenzar algo nuevo sin saber exactamente hasta dónde va a llevarte.
Este septiembre incorporé Barre al estudio como una nueva disciplina. Una propuesta que llevaba tiempo queriendo explorar y que, desde el primer momento, sentí que podía encontrar su lugar dentro de mi manera de entender el cuerpo y el movimiento.
Y ha ocurrido algo que me hace especial ilusión:
la clase se ha llenado desde el primer mes.
Y detrás de ese “completo” hay algo que para mí tiene mucho más valor que el número de plazas.
Hay confianza.
La confianza de quienes se apuntan a una propuesta nueva porque confían en mí, en mi mirada y en la forma en la que acompaño cada proceso, incluso antes de saber exactamente cómo será ese nuevo camino.
Gracias por eso.
Porque para mí, Barre no es solamente trabajo muscular, técnica o repetición.
Es arraigo, respiración, fuerza y presencia.
Es encontrar una relación más consciente con el cuerpo. Sentir el apoyo, escuchar el ritmo, sostener el esfuerzo y, al mismo tiempo, buscar armonía y belleza en el movimiento.
Por eso quería que este Barre estuviera atravesado por mi propio lenguaje.
Por la respiración.
Por la conciencia corporal.
Por el arraigo.
Por la precisión.
Por la belleza.
Por el ritmo propio.
Una forma de trabajar el cuerpo sin dejar de habitarlo.
Y quizá esa sea una de las cosas que más me gustan de esta nueva etapa: poder seguir creciendo, incorporando nuevas disciplinas y creando nuevas formas de movimiento, pero sin perder el hilo de todo lo que ya forma parte de este espacio.
En octubre habrá nuevos horarios de Barre.
Así que si este primer mes te has quedado con ganas de probarlo, habrá una nueva oportunidad para entrar en la barra y descubrirlo desde dentro.
Gracias por seguir confiando.
Por estar.
Por probar lo nuevo conmigo.
Y por hacer que este proyecto siga creciendo de una forma tan bonita.
