Cada práctica se iniciará con la apertura de la energía de un círculo conformado por las mujeres asistentes.
En ese círculo no solo somos activadoras de una conexión profunda con la tierra armonizando nuestros centros, sino que también creamos un vínculo entre todas buscando potenciar la energía disponible en ese momento.
Los movimientos que activamos aquí están mucho más conectados a una geometría que busca evocar y refinar nuestras espirales, ondas, círculos. Movimientos redondos que favorecen la salud de nuestra anatomía y naturaleza entendiéndonos como cíclicas, poderosas, salvajes e intuitivas.
La búsqueda de que la pelvis adquiera fluidez en todas sus direcciones y que podamos experimentar un cuerpo más lubricado y encarnado.
La música de siempre, vibración elevada muy intencionalmente escogida, ayuda a que los procesos sean atravesados de manera más profunda y directa.
Búsqueda de alquimia corporal a través del cuerpo; mudras, movimientos de danza cuyo origen suele ser ancestral, explorando un solo lenguaje a través del cuerpo.
Siempre ante la escucha de la fascia, del lenguaje muscular, entendimiento del sistema hormonal, estabilización y regulación del sistema nervioso.
Meditaciones que anclan esa energía que se ha despertado a través del movimiento. Podemos usar de manera recurrente muchas de las herramientas que ofrece la espiritualidad: Tao, danzaterapia, pranayama, danza holística o movimientos que evocan un cuerpo divino y sagrado.
Recuperar nuestra salud natural y estabilizarla, evocar nuestra naturaleza intuitiva y salvaje, entender el funcionamiento de la energía para transformarla, así como el mantenimiento de un cuerpo fuerte y flexible, son algunos de los beneficios de los movimientos que abordamos cada semana.
